Revista Viernes

En los papales aluminio que pinta Nicolás Radic, los reflejos esconden un secreto. El espacio que lo rodea está ahí contenido, pero aparece distorsionado. Es como si estos papeles absorbieran su entorno y lo dotaran de otra dimensión cargada de extrañeza. Hay algo orgánico que resulta del hiperrealismo con que pinta los pliegues: transforma una simple lámina arrugada en un objeto tridimensional con pulsión propia. En sus óleos, el papel retratado aparece inesperadamente dotado de vida.

Related Posts

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.